Growing Up In Laredo

Chicana, Pocha, Tex-Mex, Mexican-American, Hispanic, Latina. So many labels. Which one should I use? They’re all the same to me. Yo nací en el border, en Laredo as a matter of fact. Había pocos gringos. They were a minority. Hasta la fecha they still are. Nadie tenía labels. Or I was unaware of them. We were all Americans, unos güeros, otros morenos y crecí talking like this. El get-together ya empzó. Los guys ya estan llegando.  Préstame tu lipstick, el Fire and Ice que está bien rojo. Is my crinolina hanging out? Que va you look bien padre. Me aprieta mucho el Merry Widow. I think I’ll take it off.  No huerca, te hace ver muy sexy. On Sundays íbamos a morning mass. No había en la tarde, mucho menos on Saturday que te valiera for Sunday. A la una we’d go al centro a ver the latest movie, al Tivoli o al Rialto, al Plaza o al Royal, después al City Drug a flirtear con los huercos, comer french fries con gravy, tomar un Cherry Coke, pasar allí la tarde. El hangout de los gringos era el Central Drug. We never went there. Discrimination I suppose but of our own accord. The guys would go al otro lado, whisper de Conchita’s Place. We were dying to ask about it but nadie se atrevía. Let’s go and eat cabrito con frijoles bien borrachos. There was no such thing as nachos, patos or burritos. If you asked for a mariachi, you got a band cantando rancheras.  En St. Angela’s Hall debajo del eagle eye de la Gerarda y la Gabriela bailabamos cheek to cheek to the tunes of Joni James and Nat King Cole. Echábamos estilo con el clasico danzón y El Mambo #5.
Growing up en ese tiempo fue una cosa bien bonita without having all those labels pa’ complicar más las cosas.